Quien en el Perú se podría imaginar que el Consejo de la ciudad californiana de Berkeley, reconocida por ser la sede de una de las mejores universidades del mundo, haya enviado una carta a una representante y dos senadores por el Estado de California en el Congreso de los Estados Unidos, y al propio presidente Obama manifestando su oposición a la negociación del mega tratado de libre comercio, Trans Pacific Partnership Trade Agreement (TPP). Este acuerdo que ya lleva quince rondas de negociaciones y que involucra a varios países con costa pacífica de América, Asia y Oceanía (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Australia y Nueva Zelanda) dispuestos a pactar sobre temas de propiedad intelectual, protección de inversiones, liberalización arancelaria, entre otros ítems del libre comercio, se viene cocinando con un secretismo extremo. Tanto así que ni siquiera los congresistas de Estados Unidos, conocen los términos exactos de la negociación.
Entre las preocupaciones que envuelven al TPP, destaca el aumento de los precios de las medicinas (ampliación de datos de prueba, etc.) y las prohibiciones para que la información circule libremente en internet (SOPA). En buena cuenta es un TLC mucho más agresivo que los que hemos visto hasta ahora. De ahí que la negociación se lleva en estricto privado.
Es por eso que el Consejo Municipalidad de Berkeley expidió la Resolución 65,995-N.S. el 29 de enero pasado, en la que como ciudad se opone al TPP, tanto por su secretismo, como por los efectos negativos que implica para la economía norteamericana.
En el primer caso, el Consejo señala que es inaceptable en una democracia la falta de transparencia en la que se cocina el TPP, lo que sienta un precedente negativo para otras negociaciones internacionales.
En el segundo caso, el Consejo apoya el proyecto de ley presentado por el senador Sherrod Brown, denominado “Acuerdos de Libre Comercio y Acceso a Mercados en el Siglo XXI”, que defiende los intereses del pueblo norteamericano en términos de acceso real de sus productos manufacturados a otros mercados, promocionando el respeto de los derechos laborales consagrados por la OIT. Se busca desarrollo para la mayoría y no solo a un puñado de transnacionales.
La carta con la resolución en anexo fue enviada a la representante Barbara Lee, a los senadores Dianne Feinstein y Barbara Boxer, y al presidente estadounidense el último día de enero.
Pero esto no es aislado. Ya es conocido que las autoridades de Chile y Australia no estarían muy de acuerdo con todos los términos de la negociación, especialmente en lo que se refiere a propiedad intelectual, y eso pondría en riesgo el cierre de las negociaciones este año.
A diferencia de Berkeley, en el Perú ni nos enteramos del riesgo del TPP. El ministerio de comercio negocia de lo más bien este acuerdo, y no se opone a nada. Es un TLC más, y ellos están convencidos por dogma de que eso es bueno y punto.
No por gusto se ha escogido a Lima para que en mayo sea sede de la 17ª ronda de negociaciones del TPP, tras la de Singapur en marzo.
Desde Lima, Perú aplastada ideologicamente por el neoliberalismo más vulgar, estos artículos semanales de Carlos Alonso Bedoya son disidentes del pensamiento económico hegemónico.
domingo, 10 de febrero de 2013
domingo, 3 de febrero de 2013
El problema del dólar no es de corto plazo
Desde que PPK anunció que al final del verano tendríamos el dólar a 2.30 soles, el tema de la caída de la divisa norteamericana ha estado en los principales análisis económicos. A pesar de que en boca de PPK todo suena a operación corporativa, no podemos soslayar que éste es el primer golpe que recibimos de la crisis de las economías desarrolladas en el 2013.
Y no es un tema solo peruano. En Chile por ejemplo, el debate económico reciente ha sido marcado por el presidente de su Banco Central, dando a conocer medidas para evitar la constante apreciación del peso chileno frente al dólar.
Es un tema, que a excepción de Venezuela y Argentina –donde tienen otra política cambiaria- toca a todas las economías de Nuestra América afectando tanto al sector exportador, como a los que producen para el mercado interno. Como bien lo ha explicado el análisis de Otra Mirada, solo los importadores se benefician con un dólar barato, mientras que cae el empleo.
No obstante que hemos visto al dólar caer casi imparablemente desde inicios del siglo en al menos 30 por ciento respecto al sol; casi todos los economistas locales –tanto neo clásicos como keynesianos- encuentran soluciones muy de corto plazo, y todas ellas con la intervención del Banco Central y del Ministerio de Economía y Finanzas.
Unos piden que el BCR eleve el límite que tienen las AFP para sacar plata al extranjero. Otros que el MEF genere aún más superávit fiscal. Hay quienes solo le apuestan a la flotación sucia.
Los más serios piden control de capitales, pero casi ninguno cuestiona el esquema monetario mundial en el que el dólar es la moneda de reserva y de intercambio más usada, a pesar de pertenecer a la economía más endeudada del mundo en términos absolutos y una de las más endeudadas en términos relativos.
Es fundamental que la reciente Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) trabaje seriamente en promover lo que se denomina “señoriaje” sobre la unidad en la que guarda la mayor parte de sus ahorros y en la que realiza su intercambio comercial intrarregional y extraregional.
Ampliar el alcance de mecanismos como el Sistema Unitario de Compensación Regional (SUCRE) que hoy por hoy ya tiene el equivalente a 1200 millones de dólares en operaciones, especialmente entre Venezuela y Ecuador, es algo que se debería considerar. Pero claro, muchos que piensan que la economía es ciencia exacta se ríen de lo que consideran como puro chavismo.
Al menos deberían discutir sobre la reforma del mecanismo de créditos recíprocos entre bancos centrales en el marco de ALADI, a fin de que se permita compensar no solo en dólares y no solo en Nueva York.
En medio del panorama del recrudecimiento de la crisis, deberíamos enfocarnos en construir una nueva arquitectura financiera regional, y tener una malla monetaria latinoamericana que permita intercambiar sin pasar por el dólar con Europa por ejemplo, ya que los europeos tienen su propia malla denominada Sistema Target. Pero el debate económico peruano es tan pobre, que éstos y otros temas de primer orden ni se miran.
Y no es un tema solo peruano. En Chile por ejemplo, el debate económico reciente ha sido marcado por el presidente de su Banco Central, dando a conocer medidas para evitar la constante apreciación del peso chileno frente al dólar.
Es un tema, que a excepción de Venezuela y Argentina –donde tienen otra política cambiaria- toca a todas las economías de Nuestra América afectando tanto al sector exportador, como a los que producen para el mercado interno. Como bien lo ha explicado el análisis de Otra Mirada, solo los importadores se benefician con un dólar barato, mientras que cae el empleo.
No obstante que hemos visto al dólar caer casi imparablemente desde inicios del siglo en al menos 30 por ciento respecto al sol; casi todos los economistas locales –tanto neo clásicos como keynesianos- encuentran soluciones muy de corto plazo, y todas ellas con la intervención del Banco Central y del Ministerio de Economía y Finanzas.
Unos piden que el BCR eleve el límite que tienen las AFP para sacar plata al extranjero. Otros que el MEF genere aún más superávit fiscal. Hay quienes solo le apuestan a la flotación sucia.
Los más serios piden control de capitales, pero casi ninguno cuestiona el esquema monetario mundial en el que el dólar es la moneda de reserva y de intercambio más usada, a pesar de pertenecer a la economía más endeudada del mundo en términos absolutos y una de las más endeudadas en términos relativos.
Es fundamental que la reciente Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) trabaje seriamente en promover lo que se denomina “señoriaje” sobre la unidad en la que guarda la mayor parte de sus ahorros y en la que realiza su intercambio comercial intrarregional y extraregional.
Ampliar el alcance de mecanismos como el Sistema Unitario de Compensación Regional (SUCRE) que hoy por hoy ya tiene el equivalente a 1200 millones de dólares en operaciones, especialmente entre Venezuela y Ecuador, es algo que se debería considerar. Pero claro, muchos que piensan que la economía es ciencia exacta se ríen de lo que consideran como puro chavismo.
Al menos deberían discutir sobre la reforma del mecanismo de créditos recíprocos entre bancos centrales en el marco de ALADI, a fin de que se permita compensar no solo en dólares y no solo en Nueva York.
En medio del panorama del recrudecimiento de la crisis, deberíamos enfocarnos en construir una nueva arquitectura financiera regional, y tener una malla monetaria latinoamericana que permita intercambiar sin pasar por el dólar con Europa por ejemplo, ya que los europeos tienen su propia malla denominada Sistema Target. Pero el debate económico peruano es tan pobre, que éstos y otros temas de primer orden ni se miran.
domingo, 27 de enero de 2013
La importancia del CELAC-UE
Me ha dado mucha risa el artículo que ha publicado Mariano Rajoy, jefe del gobierno español de visita por Lima, en El Comercio el jueves pasado. Se pone a pontificar sobre las bondades del crecimiento económico peruano como quien da clases. Rajoy dice algo como así se hace muchachos, y al mismo tiempo España tiene a millones de españoles sin empleos y está que se desbarranca con una deuda que supera en varias veces su producción. España cruza los dedos para no quebrar, aunque en quiebra están hace rato.
Están hasta las patas. Pero ojo, España hace cinco años mostraba las mismas cifras macroeconómicas que el Perú.
Con todo, el artículo de Rajoy es cómo escrito por alguien que tiene éxito, que en el caso de España son puras cifras en rojo. Francamente, Es como para que se lleve la “concha del año”.
Pero así es el colonialismo, y eso no solo se muestra en sus palabras, sino en que los bancos españoles como el BBVA, Santander y otros hacen miles de millones en América Latina, para luego repatriar sus utilidades para contribuir en algo con la hecatombe ibérica. Es como que nos dice: sigan así muchachos, sigan financiando nuestras deudas.
Es que según especialistas como el mexicano Manuel Pérez Rocha, el BBVA hace aproximadamente el 30 por ciento de sus utilidades solo en México. En el Perú pasa lo mismo, con las tremendas tasas que cobran a través de sus tarjetas de crédito y otros productos financieros. Ni que decir de Telefónica. La hacen linda por estas tierras.
Y todo eso tiene que ver con los intereses que se muestran en el Acuerdo Multipartes que ha firmado la Unión Europea con Perú y Colombia, y con el Acuerdo de Asociación (AdA) que ha suscrito con Centroamérica.
Están buscando mercados y beneficios para sus inversiones, con el fin de generar utilidades en otras regiones para amenguar la tremenda crisis económica que afrontan.
Es por eso la importancia que en Santiago de Chile se produzca la I Cumbre CELAC-UE y no un sétimo encuentro ALC-UE. Eso es un símbolo de lo que se ha avanzado en una década, desde que aparecieron los primeros gobiernos progresistas en la región.
Pues tras seis reuniones bianuales entre los países de Europa y los de este lado del planeta, es la primera vez que Nuestra América se presenta como un solo bloque, bajo el sombrero de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
A diferencia de las seis citas anteriores con Europa: ALC-UE (1999, 2002, 2004, 2006, 2008 y 2010) donde los Estados europeos asistían con intereses en bloque, y los de nuestra región sin mayor articulación compitiendo muchas veces en el ámbito bilateral; en esta ocasión, los intereses de los países de América del Sur, Mesoamérica y El Caribe se presentan al menos reunidos en una gran instancia.
No quiere decir que por arte de magia, las visiones de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Brasil o Argentina, sean las mismas que las de México, Perú, Chile o Colombia en temas como los del comercio. Pero al menos se articularon las grandes coincidencias regionales en el caso de la migración, la cooperación, la inversión en tecnología o el diálogo político bajo una gran voz.
Están hasta las patas. Pero ojo, España hace cinco años mostraba las mismas cifras macroeconómicas que el Perú.
Con todo, el artículo de Rajoy es cómo escrito por alguien que tiene éxito, que en el caso de España son puras cifras en rojo. Francamente, Es como para que se lleve la “concha del año”.
Pero así es el colonialismo, y eso no solo se muestra en sus palabras, sino en que los bancos españoles como el BBVA, Santander y otros hacen miles de millones en América Latina, para luego repatriar sus utilidades para contribuir en algo con la hecatombe ibérica. Es como que nos dice: sigan así muchachos, sigan financiando nuestras deudas.
Es que según especialistas como el mexicano Manuel Pérez Rocha, el BBVA hace aproximadamente el 30 por ciento de sus utilidades solo en México. En el Perú pasa lo mismo, con las tremendas tasas que cobran a través de sus tarjetas de crédito y otros productos financieros. Ni que decir de Telefónica. La hacen linda por estas tierras.
Y todo eso tiene que ver con los intereses que se muestran en el Acuerdo Multipartes que ha firmado la Unión Europea con Perú y Colombia, y con el Acuerdo de Asociación (AdA) que ha suscrito con Centroamérica.
Están buscando mercados y beneficios para sus inversiones, con el fin de generar utilidades en otras regiones para amenguar la tremenda crisis económica que afrontan.
Es por eso la importancia que en Santiago de Chile se produzca la I Cumbre CELAC-UE y no un sétimo encuentro ALC-UE. Eso es un símbolo de lo que se ha avanzado en una década, desde que aparecieron los primeros gobiernos progresistas en la región.
Pues tras seis reuniones bianuales entre los países de Europa y los de este lado del planeta, es la primera vez que Nuestra América se presenta como un solo bloque, bajo el sombrero de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
A diferencia de las seis citas anteriores con Europa: ALC-UE (1999, 2002, 2004, 2006, 2008 y 2010) donde los Estados europeos asistían con intereses en bloque, y los de nuestra región sin mayor articulación compitiendo muchas veces en el ámbito bilateral; en esta ocasión, los intereses de los países de América del Sur, Mesoamérica y El Caribe se presentan al menos reunidos en una gran instancia.
No quiere decir que por arte de magia, las visiones de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Brasil o Argentina, sean las mismas que las de México, Perú, Chile o Colombia en temas como los del comercio. Pero al menos se articularon las grandes coincidencias regionales en el caso de la migración, la cooperación, la inversión en tecnología o el diálogo político bajo una gran voz.
domingo, 20 de enero de 2013
Otra vez la trampa de las reservas
Muchos analistas han celebrado que el Perú haya terminado el 2012 con 63 mil 991 millones de dólares de reservas internacionales. Lo que en su mirada nos hace menos vulnerables frente a la crisis de las economías desarrolladas. A nivel regional, el Perú ocupa el segundo lugar en nivel de reservas respecto del PBI con un 32%. Muy por encima de sus socios de la Alianza del Pacífico: Chile (15%), México (14%) y Colombia (8%).
Solo nos gana Bolivia con casi 50% de su PBI como reservas internacionales. Muchos propagandistas del modelo de los TLC y la echada ante la inversión extranjera, esconden este último dato, porque los bolivianos tienen más reservas que nadie respecto de su producción por estos lares, y a ellos no les tiembla la mano para nacionalizar, salirse del CIADI, denunciar Tratados de Protección de Inversiones y repudiar TLCs.
Pero al margen de quién tiene más plata para equilibrar la balanza de pagos o intervenir en el tipo de cambio, ¿acumular tantas reservas es bueno para el Perú, con tantos déficits que cubrir y donde millones viven en crisis hace décadas?
El Perú tiene demasiadas reservas, lo que le origina altos costos (de oportunidad y financieros) que deben calcularse.
La mayor parte de reservas internacionales que tiene a su cargo el BCRP, están invertidas en valores de corto y largo plazo (49 mil 118 millones de dólares), la mayoría emitidos por el Tesoro de los Estados Unidos, que se da el lujo de pagarnos casi 0% de interés, porque por una convención del sistema (hoy en crisis) esos papeles tienen la calificación AAA.
En cambio, en oro (cuyo precio ha subido sostenidamente) solo tenemos el equivalente a 1 mil 675 millones de dólares. Ni el 5% de la posición de cambio de nuestras reservas.
Asimismo, de los 63 mil 991 millones de dólares de reservas, solo le pertenecen al Estado peruano 46 mil 63 millones (posición de cambio), pues el resto (17 mil 928 millones) son obligaciones de corto plazo con residentes, en donde están los encajes bancarios por ejemplo. O sea plata de privados.
De lo nuestro, el 65% está nominado en dólares, con todo el costo financiero que ocasiona su volatilidad. Basta decir que en los últimos 10 años esa moneda se ha depreciado en casi 30% respecto al sol.
¿Qué hace casi toda nuestra plata de reserva en bonos del tesoro gringo y en dólares?
La gestión de las reservas podría incluir financiar proyectos rentables en el Perú, y servir al mismo tiempo de aporte para una nueva arquitectura financiera regional con fondos de estabilización monetaria, fondos para bonos, etc. en América del Sur, en lugar de contribuir a cubrir el déficit norteamericano.
Eso de festejar en automático el alto nivel de las reservas porque sí, y encima enseñarles a los estudiantes de economía en el país que lo hagan, es patético. En países como Argentina hace rato entraron al debate y ya hay propuestas como las que dicen que el nivel óptimo de reservas es de solo el 10% del PBI para atender a las crisis externas. El resto origina más costos que beneficios.
Solo nos gana Bolivia con casi 50% de su PBI como reservas internacionales. Muchos propagandistas del modelo de los TLC y la echada ante la inversión extranjera, esconden este último dato, porque los bolivianos tienen más reservas que nadie respecto de su producción por estos lares, y a ellos no les tiembla la mano para nacionalizar, salirse del CIADI, denunciar Tratados de Protección de Inversiones y repudiar TLCs.
Pero al margen de quién tiene más plata para equilibrar la balanza de pagos o intervenir en el tipo de cambio, ¿acumular tantas reservas es bueno para el Perú, con tantos déficits que cubrir y donde millones viven en crisis hace décadas?
El Perú tiene demasiadas reservas, lo que le origina altos costos (de oportunidad y financieros) que deben calcularse.
La mayor parte de reservas internacionales que tiene a su cargo el BCRP, están invertidas en valores de corto y largo plazo (49 mil 118 millones de dólares), la mayoría emitidos por el Tesoro de los Estados Unidos, que se da el lujo de pagarnos casi 0% de interés, porque por una convención del sistema (hoy en crisis) esos papeles tienen la calificación AAA.
En cambio, en oro (cuyo precio ha subido sostenidamente) solo tenemos el equivalente a 1 mil 675 millones de dólares. Ni el 5% de la posición de cambio de nuestras reservas.
Asimismo, de los 63 mil 991 millones de dólares de reservas, solo le pertenecen al Estado peruano 46 mil 63 millones (posición de cambio), pues el resto (17 mil 928 millones) son obligaciones de corto plazo con residentes, en donde están los encajes bancarios por ejemplo. O sea plata de privados.
De lo nuestro, el 65% está nominado en dólares, con todo el costo financiero que ocasiona su volatilidad. Basta decir que en los últimos 10 años esa moneda se ha depreciado en casi 30% respecto al sol.
¿Qué hace casi toda nuestra plata de reserva en bonos del tesoro gringo y en dólares?
La gestión de las reservas podría incluir financiar proyectos rentables en el Perú, y servir al mismo tiempo de aporte para una nueva arquitectura financiera regional con fondos de estabilización monetaria, fondos para bonos, etc. en América del Sur, en lugar de contribuir a cubrir el déficit norteamericano.
Eso de festejar en automático el alto nivel de las reservas porque sí, y encima enseñarles a los estudiantes de economía en el país que lo hagan, es patético. En países como Argentina hace rato entraron al debate y ya hay propuestas como las que dicen que el nivel óptimo de reservas es de solo el 10% del PBI para atender a las crisis externas. El resto origina más costos que beneficios.
domingo, 13 de enero de 2013
El Congreso y el modelo
Qué triste que más importante que el debate del presupuesto público en el Congreso, haya sido el propio salario de los congresistas. La gente, desde el gerente de un banco hasta el guardián de un edificio, sabía que los parlamentarios se estaban doblando la remuneración. En cambio muy pocos son los que se enteran que el presupuesto 2013, así como todos los anteriores, se aprobó en el Parlamento Nacional en noviembre pasado (en realidad poco se puede hacer con el presupuesto allí, ya que todo lo define el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), con eso de que el Congreso no tiene iniciativa de gasto, según la Constitución fujimorista de 1993.Entonces, ¿para qué sirve un Congreso como el que tenemos si hasta los cambios en la legislación tributaria del 2012 fueron hechos por el Ejecutivo vía Decreto Legislativo?
Lo tributario y fiscal, que hace siglos hiciera que se creara la institución de representación ciudadana en Inglaterra, son los temas que el Congreso peruano o no discute, o no tiene la capacidad de encarar.
Pero no se trata de elegir mejor. Lo que pasa es que el modelo económico neoliberal requiere precisamente de Congresos endebles, raquíticos, que no discutan, que no hagan política, sino politiquería; mientras que la tecnocracia maneja desde el Poder Ejecutivo todo el país.
Un Congreso que represente bien, sería el peor obstáculo para mantener el modelo neoliberal. Por eso a los Castilla y compañía, les es funcional un Congreso mediocre.
¿Quién fue el presidente de la Comisión de Presupuesto que aprobó sin chistar la propuesta del MEF para el 2013? El oficialista Josué Gutiérrez, que estaba con tremendo roche por haber acompañado a Alexis Humala en el famoso viaje a Rusia. Ese era el perfil ideal que necesitaba Castilla para que pase sin problemas su propuesta que prioriza el superávit antes que los derechos de la población.
Un Congreso que realmente represente la correlación de fuerzas que se impuso el 5 de junio del 2011, discutiría cosas como:
1. La denuncia del CIADI y los tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI) que mantenemos con varios países de donde provienen los grandes capitales que se enriquecen en el Perú. Por ejemplo, Telefónica. Con España tenemos un TBI y por eso se amenaza al gobierno con una demanda internacional si no se renueva su concesión o se le cobra lo que debe a la Sunat.
2. El régimen de los recursos naturales en el país, buscando modificar el artículo 66 de la Constitución, que señala que los concesionarios de dichos recursos tienen derechos reales sobre ellos.
3. El fin del rol subsidiario del Estado, para que las empresas estatales estratégicas (las existentes y las que vengan) puedan ser fortalecidas en serio.
4. Una reforma tributaria de verdad y la eliminación de los candados constitucionales que impiden que el Congreso defina el presupuesto.
Eso y un largo etc. de reformas institucionales es lo que debe discutir el Congreso que merecemos. Pero mientras el modelo económico que genera extrema riqueza en la minoría siga vigente, tendremos este modelo congresal inútil y mediocre.
Lo tributario y fiscal, que hace siglos hiciera que se creara la institución de representación ciudadana en Inglaterra, son los temas que el Congreso peruano o no discute, o no tiene la capacidad de encarar.
Pero no se trata de elegir mejor. Lo que pasa es que el modelo económico neoliberal requiere precisamente de Congresos endebles, raquíticos, que no discutan, que no hagan política, sino politiquería; mientras que la tecnocracia maneja desde el Poder Ejecutivo todo el país.
Un Congreso que represente bien, sería el peor obstáculo para mantener el modelo neoliberal. Por eso a los Castilla y compañía, les es funcional un Congreso mediocre.
¿Quién fue el presidente de la Comisión de Presupuesto que aprobó sin chistar la propuesta del MEF para el 2013? El oficialista Josué Gutiérrez, que estaba con tremendo roche por haber acompañado a Alexis Humala en el famoso viaje a Rusia. Ese era el perfil ideal que necesitaba Castilla para que pase sin problemas su propuesta que prioriza el superávit antes que los derechos de la población.
Un Congreso que realmente represente la correlación de fuerzas que se impuso el 5 de junio del 2011, discutiría cosas como:
1. La denuncia del CIADI y los tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI) que mantenemos con varios países de donde provienen los grandes capitales que se enriquecen en el Perú. Por ejemplo, Telefónica. Con España tenemos un TBI y por eso se amenaza al gobierno con una demanda internacional si no se renueva su concesión o se le cobra lo que debe a la Sunat.
2. El régimen de los recursos naturales en el país, buscando modificar el artículo 66 de la Constitución, que señala que los concesionarios de dichos recursos tienen derechos reales sobre ellos.
3. El fin del rol subsidiario del Estado, para que las empresas estatales estratégicas (las existentes y las que vengan) puedan ser fortalecidas en serio.
4. Una reforma tributaria de verdad y la eliminación de los candados constitucionales que impiden que el Congreso defina el presupuesto.
Eso y un largo etc. de reformas institucionales es lo que debe discutir el Congreso que merecemos. Pero mientras el modelo económico que genera extrema riqueza en la minoría siga vigente, tendremos este modelo congresal inútil y mediocre.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Lo que se viene en el sector Trabajo
El explosivo exministro de Trabajo José Villena no tuvo tiempo para acabar del todo con la política de contención defensiva de los derechos laborales y sindicales que se impulsó en el Viceministerio de Trabajo desde que Pablo Checa, exdirigente de la CGTP, fue nombrado como viceministro al inicio del gobierno de Humala.
Si bien Villena empezó una misión antilaboral, lenta pero segura, desde que fue nombrado ministro hace un año, no tuvo tiempo para cumplir el objetivo de acabar totalmente con el impulso reformista de los primeros meses del actual régimen.
Recapitulando su paso por el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, podemos decir que primero se encargó de diferir lo más que pudo el segundo tramo del aumento del sueldo mínimo, enfriando al mismo tiempo cualquier posibilidad de contar con un mecanismo de ajuste periódico. Y si no hubiese sido por el peso de la promesa de los 150 soles adicionales a la remuneración mínima, se hubiera volado sin asco los 75 soles pendientes.
Luego saboteó la Ley General de Trabajo para mandarla nuevamente a la congeladora. Se la pasó con declaraciones en contra del anteproyecto de Ley, hasta que encontró el contexto preciso para sacarla del debate público. Lo mismo hizo con el reglamento de la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo y con el fortalecimiento de la inspección laboral, entre otros cambios que se habían dibujado.
Esperó pacientemente el momento adecuado para volarse a Checa. Pero allí el tiro le salió por la culata, porque no previó que Silvia Cáceres, la viceministra que remplazo al sindicalista, mantuviera una posición coherente de respeto hacia el trabajo y los sindicatos. Eso la puso en la mira de la Alta Dirección del Ministerio y por su puesto del tristemente célebre ministro pegalón, que solo estaba calculando el timing preciso para un nuevo relevo en esa área. Es que Cáceres no se movió de la línea Checa, manteniendo hasta la fecha a los directores que éste nombró.
Luego vino el episodio de Arequipa que envió a Villena a su domicilio y todos quedamos a la expectativa de quien lo reemplazaría.
Pero al ver juramentar a una abogada de empresarios, a todas luces operadora de la Confiep, como es el caso de la Sra. Laos, muy cercana por cierto a la exministra de Trabajo aprista Manuela García (quien estará saboreando la posibilidad de hacerse de la dirección de conflictos laborales) que tiene el mismo filo pro patronal y que aún labora en el Ministerio; los días en que el Viceministerio de Trabajo conserva algo del espíritu laboral del candidato Humala, parecen estar contados.
No por gusto El Comercio ha publicado esta semana una editorial descaradamente antilaboral y antisindical, llena de prejuicios y sentidos comunes neoliberales en la que prácticamente le dice a la nueva ministra cual debe ser su agenda: facilitar los despidos y desregular más las relaciones laborales.
Se viene toda la maquinaria mediática para garantizar la masa crítica que aliente a Laos a terminar la labor que dejo pendiente Villena.
Recapitulando su paso por el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, podemos decir que primero se encargó de diferir lo más que pudo el segundo tramo del aumento del sueldo mínimo, enfriando al mismo tiempo cualquier posibilidad de contar con un mecanismo de ajuste periódico. Y si no hubiese sido por el peso de la promesa de los 150 soles adicionales a la remuneración mínima, se hubiera volado sin asco los 75 soles pendientes.
Luego saboteó la Ley General de Trabajo para mandarla nuevamente a la congeladora. Se la pasó con declaraciones en contra del anteproyecto de Ley, hasta que encontró el contexto preciso para sacarla del debate público. Lo mismo hizo con el reglamento de la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo y con el fortalecimiento de la inspección laboral, entre otros cambios que se habían dibujado.
Esperó pacientemente el momento adecuado para volarse a Checa. Pero allí el tiro le salió por la culata, porque no previó que Silvia Cáceres, la viceministra que remplazo al sindicalista, mantuviera una posición coherente de respeto hacia el trabajo y los sindicatos. Eso la puso en la mira de la Alta Dirección del Ministerio y por su puesto del tristemente célebre ministro pegalón, que solo estaba calculando el timing preciso para un nuevo relevo en esa área. Es que Cáceres no se movió de la línea Checa, manteniendo hasta la fecha a los directores que éste nombró.
Luego vino el episodio de Arequipa que envió a Villena a su domicilio y todos quedamos a la expectativa de quien lo reemplazaría.
Pero al ver juramentar a una abogada de empresarios, a todas luces operadora de la Confiep, como es el caso de la Sra. Laos, muy cercana por cierto a la exministra de Trabajo aprista Manuela García (quien estará saboreando la posibilidad de hacerse de la dirección de conflictos laborales) que tiene el mismo filo pro patronal y que aún labora en el Ministerio; los días en que el Viceministerio de Trabajo conserva algo del espíritu laboral del candidato Humala, parecen estar contados.
No por gusto El Comercio ha publicado esta semana una editorial descaradamente antilaboral y antisindical, llena de prejuicios y sentidos comunes neoliberales en la que prácticamente le dice a la nueva ministra cual debe ser su agenda: facilitar los despidos y desregular más las relaciones laborales.
Se viene toda la maquinaria mediática para garantizar la masa crítica que aliente a Laos a terminar la labor que dejo pendiente Villena.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Pensando el futuro económico
El peor escenario que puede enfrentar el gobierno, es en el que a la inestabilidad social se le suma la inestabilidad económica. Que en medio de los pleitos por proyectos de inversión como Conga, o de las huelgas por más salarios, llegue el fin de la bonanza económica. Claro, con el elemento especial de este periodo: el malestar del núcleo duro de electores de Humala, que apostaba por salir del modelo neoliberal.
En los quince meses que tiene la presente gestión, hemos visto problemas sociales derivados de la etapa “conflicto del crecimiento”, en la que las luchas son por reparto de excedentes y por reglas de inversión, especialmente la extractiva. Las propuestas de “inclusión social” o “diálogo”, presentes en el discurso oficial, no lograron desinflar los conflictos duros.
Medidas como el reparto de tickets para adquirir gas barato en algunas provincias, o para meter candela a obras de infraestructura en el agro de pequeña escala mirando la experiencia Quellaveco, constituyen un esquema vulnerable. Primero, porque suponen que la crisis económica que vive el mundo no va a detener el crecimiento peruano, y segundo porque requieren de un Estado eficiente.Mientras no se relance la economía (diversificación productiva e industrialización saliendo de la lógica de libre comercio); junto con transformaciones en el régimen subsidiario del Estado, de la propiedad de los recursos naturales, y de la forma en que se negocia y trata al capital extranjero (modificaciones constitucionales), no podremos resolver los problemas de fondo.
Solo queda calcular el fin del boom económico. Sabemos por historia que todos los periodos de auge que ha vivido el Perú republicano se han relacionado con la explotación de algún recurso natural (guano, caucho, algodón, harina de pescado y ahora minerales), y que luego sobreviene el declive y la bancarrota fiscal. Lo dijo Basadre desde su “Perú: Problema y Posibilidad”, en las primeras décadas del Siglo XX.
¿Cuánto durará el actual crecimiento? Lo mismo que duren los precios altos de los commodities y los flujos de capitales. Esos dos elementos, centrales en el esquema económico de estos años, no dependen de decisiones nacionales, sino de medidas que toman los grandes del mundo, haciendo de nuestra economía una muy vulnerable.
Basta que alguien en Europa o Estados Unidos se de cuenta de que hay un poquito más de inflación de lo normal, para que las tasas de interés de referencia de sus bancas centrales dejen el nivel cero en el que están desde hace diez años, rompiéndose la lógica en la que los capitales vienen a las economías emergentes y las materias primas siguen en el top de su precio.
¿Cuánto aguantaremos el golpe en los ingresos fiscales y las cuentas externas? Lo que duren las reservas, el fondo de tesorería y otros guardados de Castilla, basados todos en los bajos salarios. Pero eso en el mejor de los casos mantendrá las grandes cifras en azul por un tiempo. El Perú seguirá siendo un país de misios pero con una tremenda crisis política.
Solo queda calcular el fin del boom económico. Sabemos por historia que todos los periodos de auge que ha vivido el Perú republicano se han relacionado con la explotación de algún recurso natural (guano, caucho, algodón, harina de pescado y ahora minerales), y que luego sobreviene el declive y la bancarrota fiscal. Lo dijo Basadre desde su “Perú: Problema y Posibilidad”, en las primeras décadas del Siglo XX.
¿Cuánto durará el actual crecimiento? Lo mismo que duren los precios altos de los commodities y los flujos de capitales. Esos dos elementos, centrales en el esquema económico de estos años, no dependen de decisiones nacionales, sino de medidas que toman los grandes del mundo, haciendo de nuestra economía una muy vulnerable.
Basta que alguien en Europa o Estados Unidos se de cuenta de que hay un poquito más de inflación de lo normal, para que las tasas de interés de referencia de sus bancas centrales dejen el nivel cero en el que están desde hace diez años, rompiéndose la lógica en la que los capitales vienen a las economías emergentes y las materias primas siguen en el top de su precio.
¿Cuánto aguantaremos el golpe en los ingresos fiscales y las cuentas externas? Lo que duren las reservas, el fondo de tesorería y otros guardados de Castilla, basados todos en los bajos salarios. Pero eso en el mejor de los casos mantendrá las grandes cifras en azul por un tiempo. El Perú seguirá siendo un país de misios pero con una tremenda crisis política.
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